domingo, 7 de septiembre de 2008

Oliver Twist dirigida por Polanski


Oliver Twist ha llegado a una workhouse el día en que cumple nueve años. El escenario y la acción, en la primera escena de la película de Roman Polanski, son funcionales a la presentación de un contexto de época.

Nos encontramos en una sociedad de coordenadas disciplinarias. Un niño está a disposición de funcionarios que aplican la poor law unions con el fin de evitar que la población pobre, socialmente inútil, sea una carga o un peligro para la comunidad. El Estado y la Iglesia son socios en el control de desocupados y desamparados. La workhouse cumple la función de poner a trabajar a la gente sin medios de manutención bajo la administración de una parroquia. Oliver se halla comprendido en las generales de la ley y a partir de sus nueve años deberá ganarse el sustento.

Recibido por el comité encargado de la administración del lugar, es interrogado sobre su nombre, su filiación, sus creencias. No tiene padres, desconoce su nombre y desconoce el significado de la palabra huérfano, pero promete rezar. Por tanto, es aceptado y clasificado como posible idiota. Interrogatorio, clasificación y asignación de un nombre, constituyen el mecanismo de ingreso en la workhouse, que puede asimilarse a las instituciones de reclusión fuertes que analizó Foucault. Oliver pasa a formar parte de la población infantil que vive y trabaja en un taller/orfanato.

Las instituciones de secuestro, como afirma Foucault (1995, p.8) crean un nuevo tipo de poder institucional polimorfo que se expresa en lo político, lo judicial y lo económico. Lo político se conforma a través del orden y las jerarquías que en la workhouse se reflejan en el tratamiento de señor brindado a los adultos, en la obediencia y docilidad ante las órdenes, en la prohibición de tomar la palabra sin autorización, en la disposición de los cuerpos en las horas laborales y del almuerzo, en la aplicación de tácticas de vigilancia y castigo. Lo judicial es visible en la ingerencia de jueces que determinan un nuevo destino/pena para el menor infractor. Finalmente, lo económico se constituye a partir del precio que el niño trabajador vale, él mismo es una moneda de cambio entre la workhouse y la corona, la workhouse y su nuevo patrón, entre su nuevo patrón y la comida que consume, incluso fuera del mercado legal el niño es valuado por el hampa.

En cuanto a la representación de infancia, presente en la película, aparecen dos miradas:

La primera está reflejada en la afirmación de Jean de Viguerie (1980: p.135): para la pedagogía de antes y después de la revolución francesa, el niño es un bárbaro que, por su naturaleza o por su propia culpa (…), necesita ser civilizado. Ser civilizado significa ser un trabajador socialmente útil. Esta posición prevalece en los representantes del Estado y de la Iglesia, bastaría recordar aquí cómo es explicada, por el bedel de la workhouse, la pelea de Oliver con Noah Claypole, el aprendiz de enterrador. “Ha sido el exceso de carne, una dieta a base de gachas hubiera evitado la violencia del niño”. La opinión de Fagin resulta coincidente pues considera a los niños carteristas, como a perros inteligentes.

Ellos se ganan “la vida” con actividades delictivas y tienen sus propios códigos morales. Fuman, beben alcohol, andan por las tabernas vestidos de señores, y la calle y la noche son su ámbito de acción. Corresponden a la descripción de infancia desrealizada del pedagogo Mariano Narodowski (1999, p.39 a 57). Por tanto no son objeto de afecto y protección por parte del mundo adulto.

La segunda mirada es la del burgués educado, personificada por el librero, ell señor Brownlow y su ama de llaves Mrs. Bedwin. Ellos se conmueven ante el niño desvalido sin saber por qué. Pueden sentir a un Oliver bueno que padece bajo el estigma de su propio candor. Brownlow habla de protección, dice: nunca debes temer que te abandone si no me das motivo. Piensa en la educación del niño… ¿serás escritor? No, Oliver dice que quiere leer y se imagina que sería bueno vender libros. Brownlow responde: has dicho algo inteligente. Siempre habrá un buen oficio para aprender. Ha reconocido la educabilidad del pequeño y propone una alianza basada en un vínculo heterónomo, en la pedagogización de su condición de niño. Oliver tendrá en Brownlow a un tutor, como lo ha tenido Emilio en Rousseau.

En la sensibilidad del burgués, reside el sentimiento de infancia propio de la modernidad. De hecho, el personaje de Dickens es un ícono de la infancia moderna. Cuando Sykes y Toby Crackit llega a la casa de Brownlow para cometer un robo a mano armada, se resiste desesperadamente y grita. Este pedido resume su condición de niño. A diferencia de los pequeños carteristas, él conserva la inocencia, la dependencia. Un aire incandescente lo rodea y se extiende hacia a otros personajes: Nancy, la prostituta, y Dodger, el niño ratero. Su inocencia será capaz de convertir, redimir y perdonar.

Al respecto, es interesante señalar la posición del amigo de Brownlow, Mr. Grimwig. Él sostiene que Oliver traicionará a su benefactor. Por tanto, hay un debate cordial que se ha entablado entre los dos caballeros ¿es posible educar a un pobre huéfano de la calle? ¿con qué dispositivos/instituciones/métodos? El debate tiene la función de construir un saber, para el lector o el espectador, a medida que la trama avanza. Es un saber que experimenta con un niño buscando definir su naturaleza.

Los dos caballeros simbolizan el discurso normalizador/normatizador de la contradictoria pedagogía de una época. Brownlow representa un cambio, Grimwig una continuidad del estado de cosas que ya habíamos vislumbrado en la workhouse.

Para Ricardo Baquero y Mariano Narodowski (1990, p.35) la pedagogía construye normas, explicita normalidades, en fin normatiza. Su análisis corriente se basa en estipular cuáles son aquellos ideales deseables y cuáles no lo son. Este es el sentido del debate planteado en “Oliver Twist” su intencionalidad pedagógica. El pequeño huérfano de Dickens ejemplifica un punto de llegada para la educación moderna.


Bibliografía


Viguerie, Jean de, “Les survivances au XIXè siècle de l’éducation du XVIIè”, XVIIè siècle, 129-4, 1980.


Foucault, Michel, “Quinta conferencia” en La verdad y las formas jurídicas, 8-9, 1995.


Narodowski, Mariano, “El lento camino de la desinfantilización (o infantilización generalizada)”, en Después de Clase. Desencantos y desafíos de la escuela actual, Buenos Aires. Edu/Causa. 1999. pág. 57. Disponible en:
http://belenida1789educomunidad.blogspot.com/2007/05/infancia-posmoderna.html


Baquero, Ricardo y Narodowski, Mariano, “Normatividad y normalidad en pedagogía” en Revista Alternativas. Tandil. Año VI. Número VI. 1990. P. 35.

1 comentario:

Gustavo López dijo...

Vos con Charles Dickens y yo con Roland Topor [El inquilino]. Siempre Roman Polansky y la narrativa.